Carlos Félix

  / miércoles 23 de enero de 2019

La prueba de fuego

La prueba del fuego o prueba de fuego era un tipo de “juicio de Dios” practicado en la antigüedad y en la Edad Media en que se empleaban las flamas para confirmar o negar una acusación y en que, presuntamente, a través de la ayuda divina no se sufrían quemaduras graves si se era inocente. No confundir con la tortura, que era empleada para hacer confesar al reo. La prueba de fuego era empleada habitualmente ya por los germanos, los anglosajones y los vikingos, con diversas variantes: el acusado debía andar descalzo sobre seis u ocho rejas de arado al rojo vivo, o transportar un hierro al rojo vivo una distancia de nueve pies o más, o poner la mano en el fuego.

Si el acusado permanecía indemne o si sus heridas no supuraban, se creía que su inocencia estaba probada, en caso contrario era condenado. Al igual que otros juicios divinos la prueba de fuego desapareció en los siglos XII y XIII y se sustituyó por la justicia civil. A lo largo de la historia se ha perdido el sentido original hasta llega a significar una prueba decisiva en cualquier actividad con la que se pretende revalidar la capacidad o la validez de un proyecto o persona, como por ejemplo lo sería la prueba de funcionamiento de una nueva máquina. O la capacidad de un gobierno frente a una crisis política y social. Como en la que nos encontramos. ¿La pasará AMLO?

Hoy se ha querido apagar el fuego con el fuego, poniendo al país al rojo vivo con el caso de la más reciente tragedia relacionada con la lumbre, que ya nos llegó a los aparejos. Su nombre y ubicación: Tlahuelilpan (“lugar de las tierras de riego”) estado de Hidalgo y donde hasta hoy son ya 94 las personas fallecidas por la explosión de un ducto; 52 hospitalizadas y casi 60 más cuyos restos no han sido identificados, de acuerdo a informes oficiales, que, por cierto, han ido variando en cuanto a la hora de los hechos y la capacidad de respuesta que pudo haber evitado estos hechos.

Habrá que contar entra las víctimas a “La Parca”, líder huachicolero de la región asesinado el pasado fin de semana y borrar, por lo pronto al General Brigadier, Eduardo León Trauwitz, quien se desempeñó en el sexenio pasado como gerente de Servicios de Seguridad Física de Pemex, quien interpuso un amparo para evitar ser aprehendido, luego de las acusaciones en su contra por los delitos que decía perseguir.

Hechos que se han repetido, unos por negligencia criminal, independientemente del color del partido en el poder, pues han ardido antros como Lobohombo, News Divine en la Ciudad de México y el Casino Royal en Monterrey y casos como la Guardería ABC en Sonora, pasando por Guadalajara en 1992, cuando filtraciones en drenaje y alcantarillas hicieron volar 8 kilómetros de calles con todo y personas dejando 212 muertos y mas de 70 desaparecidos. O en San Martín Texmelucan, Puebla, en 2010, cuando estalló un ducto perforado por huachicoleros, que costó la vida a 30 personas (12 niños) y dejó a más de 50 heridas.

O San Juanico, en 1984, sitio de las explosiones ocurridas el 19 y 20 de noviembre en una de las plantas de almacenamiento y distribución de Petróleos Mexicanos (PEMEX) en San Juan Ixhuatepec, Tlalnepantla de Baz, Estado de México, El accidente provocó la muerte de entre 500 y 600 personas, 2 000 heridos y la evacuación de 60 mil personas y daños en un área de hasta un kilómetro de la planta siniestrada. Las víctimas resultaron carbonizadas, asfixiadas por el gas propano o a consecuencia de serias quemaduras. Ha sido uno de los peores accidentes industriales y según investigaciones, responsabilidad de PEMEX.

Hoy hemos visto pues, nuevas piras humanas y gente danzando alrededor de la fogata. Pienso que debe haber un círculo en el infierno para quienes lucran con la pobreza, la miseria humana y son rápidos para con dedo de fuego señalar errores…ajenos.

Morelos también está que arde con el conflicto al interior del Poder Legislativo, el presupuesto 2019 atorado, el tocayo del que le quemaron los pies, ausente, la violencia galopante que atiza la hoguera de la inseguridad y para acabarla, el malestar de las comunidades que sienten que ni las ven, ni las oyen, ni les resuelven. Por eso el bloqueo del lunes por vecinos de Amilcingo; por eso el intento de linchamiento en Tepalcingo, por eso queman lotes de autos y matan a quemarropa a 8 personas en un fin de semana en Emiliano Zapata.

Y que conste que no escribo por ardor, ni quiero quemar a nadie. Solitos lo hacen, se inmolan, se tateman. Sabio en verdad, León Tolstoi, quien dijo: “Hay quien cruza el bosque y sólo ve leña para el fuego”.

Hasta la próxima entrega, donde podrán seguir leyendo lo que hay en mi mente.


Comentarios: cfelix7@hotmail.com

Twitter: @CarlosFelix1

La prueba del fuego o prueba de fuego era un tipo de “juicio de Dios” practicado en la antigüedad y en la Edad Media en que se empleaban las flamas para confirmar o negar una acusación y en que, presuntamente, a través de la ayuda divina no se sufrían quemaduras graves si se era inocente. No confundir con la tortura, que era empleada para hacer confesar al reo. La prueba de fuego era empleada habitualmente ya por los germanos, los anglosajones y los vikingos, con diversas variantes: el acusado debía andar descalzo sobre seis u ocho rejas de arado al rojo vivo, o transportar un hierro al rojo vivo una distancia de nueve pies o más, o poner la mano en el fuego.

Si el acusado permanecía indemne o si sus heridas no supuraban, se creía que su inocencia estaba probada, en caso contrario era condenado. Al igual que otros juicios divinos la prueba de fuego desapareció en los siglos XII y XIII y se sustituyó por la justicia civil. A lo largo de la historia se ha perdido el sentido original hasta llega a significar una prueba decisiva en cualquier actividad con la que se pretende revalidar la capacidad o la validez de un proyecto o persona, como por ejemplo lo sería la prueba de funcionamiento de una nueva máquina. O la capacidad de un gobierno frente a una crisis política y social. Como en la que nos encontramos. ¿La pasará AMLO?

Hoy se ha querido apagar el fuego con el fuego, poniendo al país al rojo vivo con el caso de la más reciente tragedia relacionada con la lumbre, que ya nos llegó a los aparejos. Su nombre y ubicación: Tlahuelilpan (“lugar de las tierras de riego”) estado de Hidalgo y donde hasta hoy son ya 94 las personas fallecidas por la explosión de un ducto; 52 hospitalizadas y casi 60 más cuyos restos no han sido identificados, de acuerdo a informes oficiales, que, por cierto, han ido variando en cuanto a la hora de los hechos y la capacidad de respuesta que pudo haber evitado estos hechos.

Habrá que contar entra las víctimas a “La Parca”, líder huachicolero de la región asesinado el pasado fin de semana y borrar, por lo pronto al General Brigadier, Eduardo León Trauwitz, quien se desempeñó en el sexenio pasado como gerente de Servicios de Seguridad Física de Pemex, quien interpuso un amparo para evitar ser aprehendido, luego de las acusaciones en su contra por los delitos que decía perseguir.

Hechos que se han repetido, unos por negligencia criminal, independientemente del color del partido en el poder, pues han ardido antros como Lobohombo, News Divine en la Ciudad de México y el Casino Royal en Monterrey y casos como la Guardería ABC en Sonora, pasando por Guadalajara en 1992, cuando filtraciones en drenaje y alcantarillas hicieron volar 8 kilómetros de calles con todo y personas dejando 212 muertos y mas de 70 desaparecidos. O en San Martín Texmelucan, Puebla, en 2010, cuando estalló un ducto perforado por huachicoleros, que costó la vida a 30 personas (12 niños) y dejó a más de 50 heridas.

O San Juanico, en 1984, sitio de las explosiones ocurridas el 19 y 20 de noviembre en una de las plantas de almacenamiento y distribución de Petróleos Mexicanos (PEMEX) en San Juan Ixhuatepec, Tlalnepantla de Baz, Estado de México, El accidente provocó la muerte de entre 500 y 600 personas, 2 000 heridos y la evacuación de 60 mil personas y daños en un área de hasta un kilómetro de la planta siniestrada. Las víctimas resultaron carbonizadas, asfixiadas por el gas propano o a consecuencia de serias quemaduras. Ha sido uno de los peores accidentes industriales y según investigaciones, responsabilidad de PEMEX.

Hoy hemos visto pues, nuevas piras humanas y gente danzando alrededor de la fogata. Pienso que debe haber un círculo en el infierno para quienes lucran con la pobreza, la miseria humana y son rápidos para con dedo de fuego señalar errores…ajenos.

Morelos también está que arde con el conflicto al interior del Poder Legislativo, el presupuesto 2019 atorado, el tocayo del que le quemaron los pies, ausente, la violencia galopante que atiza la hoguera de la inseguridad y para acabarla, el malestar de las comunidades que sienten que ni las ven, ni las oyen, ni les resuelven. Por eso el bloqueo del lunes por vecinos de Amilcingo; por eso el intento de linchamiento en Tepalcingo, por eso queman lotes de autos y matan a quemarropa a 8 personas en un fin de semana en Emiliano Zapata.

Y que conste que no escribo por ardor, ni quiero quemar a nadie. Solitos lo hacen, se inmolan, se tateman. Sabio en verdad, León Tolstoi, quien dijo: “Hay quien cruza el bosque y sólo ve leña para el fuego”.

Hasta la próxima entrega, donde podrán seguir leyendo lo que hay en mi mente.


Comentarios: cfelix7@hotmail.com

Twitter: @CarlosFelix1

miércoles 15 de mayo de 2019

Con V de violencia

miércoles 08 de mayo de 2019

Mayo

jueves 02 de mayo de 2019

Trabajos forzados

miércoles 24 de abril de 2019

Cifras espeluznantes

miércoles 10 de abril de 2019

Zapata: 100 años (marca registrada)

miércoles 03 de abril de 2019

El Dios Rating

miércoles 27 de marzo de 2019

Lecciones de historia

miércoles 20 de marzo de 2019

No es lo mismo el mañanero que la mañanera

miércoles 13 de marzo de 2019

Los 250 días de AMLO

Cargar Más