Carlos Félix

  / jueves 2 de mayo de 2019

Trabajos forzados

Hay quien dice que el trabajo es tan malo que hasta te pagan por hacerlo. Creo que fue Facundo Cabral. Y es muy probable que opinen así quienes tiene la vida resuelta, viven de sus rentas u ostentan un puesto en Pemex.

Quien no tiene un empleo, labora en condiciones precarias, es mal pagado o explotado, seguro piensa distinto. Porque además de que el trabajo enaltece, también provee lo necesario para sobrevivir, es una forma de realizarse y constituye un servicio a los demás. O así debiera ser. Porque hay muchos que viven con el sudor del de enfrente y otros tantos que con trabajos obtienen lo indispensable para sostener a su familia. Pero algo malo debe tener el trabajo, o los ricos ya lo habrían acaparado, observó Cantinflas.

Recuerdo cuando Vicente Fox, ese gran humorista involuntario dijo una verdad, incómoda, pero cierta que no gustó a muchos: que los mexicanos en Estados Unidos hacen el trabajo que ni los negros (sic) quieren hacer. Y pese a que no hay trabajo indigno (ahí tienen, por ejemplo a los trabajadores de limpia) si hay quien realiza para sí o para otros, los trabajos sucios que benefician a los que, por mencionar un caso, trabajan la tierra con sus propias manos. Porque si no costara trabajo, no lo sería, ¿verdad? Y da trabajo entender como hay ocupaciones mal pagadas, extenuantes, sin incentivos para mejorar. Y esos casos sobran. Como los y las que desarrollan por necesidad, el trabajo más antiguo del mundo, y en todos los ámbitos. Es decir, se prostituyen por unos centavos.

Porque no es lo mismo hacer trabajos forzados (aplicable a quienes están privados de su libertad por algún delito) que verse forzados a hacer un trabajo frustrante, sin reconocimiento ni oportunidad de mejora. En un mundo ideal, han dicho los sabios, si te dedicas a lo que amas, nunca tendrás que trabajar. Para el resto, están las jornadas de 8 o más horas, actividades inhumanas y peligrosas como la minería, o los empleos informales, sin prestaciones ni las mínimas condiciones de seguridad e higiene. Pero los políticos se llenan la boca presumiendo que han generado no sé cuántos miles de empleos, cuando lo que debieran crear las condiciones para ello.

No hablemos de la burocracia, que en la última semana vivió con el Jesús en la boca por la flamante idea de AMLO de que los empleados del servicio público federal trabajaran los sábados, para desquitar. Y eso que la tendencia internacional de las grandes potencias es laborar menos horas y ser más eficientes. Pero no pasa nada. Los Gutierritos y los Godínez pueden respirar tranquilos, porque fue aprobada una reforma laboral que no les afectará, como tampoco la otra, la educativa, a los maestros.

La reforma gira en torno a ejes centrales como la libertad y la democracia sindical, con voto libre, secreto, personal y directo para elegir a los líderes de las organizaciones gremiales y establece que los sindicatos van a tener que someter a votación de todos sus agremiados los contratos colectivos de trabajo. Elimina las juntas de Conciliación y Arbitraje y las sustituye por tribunales especializados pertenecientes al Poder Judicial; se incorporan nuevas fracciones al artículo 133 de la Ley Federal del Trabajo que prohíbe a los patrones obligar a los trabajadores por coacción o por cualquier otro medio, como afiliarse o retirarse del sindicato o agrupación a que pertenezcan.

Así como a que voten por determinada candidatura, cualquier acto u omisión que atente contra su derecho a decidir quién debe representarlos en la negociación colectiva. El artículo 378 prohíbe a los sindicatos, federaciones y confederaciones ejercer actos de violencia en contra de sus miembros, el patrón, sus representantes o sus bienes, o en contra de terceros, así como participar en actos de simulación asumiendo el carácter de patrón, con el fin de que el verdadero patrón evada sus responsabilidades.

Además de que los trabajadores puedan presentar por escrito su voluntad para que no se le aplique la cuota sindical y el patrón no pueda descontarlo y que se aplique una multa de hasta cinco mil UMAS a las mineras que por su omisión, produzca un riesgo de trabajo que provoque la muerte del trabajador.

Y como México ya cumplió, el presidente López Obrador, le pide a Trump que apruebe de una vez el nuevo TLC, ahora conocido como TMEC, el Tratado México, Estados Unidos y Canadá. A ver si el Donald no sale con que primero resuelva el tema de las caravanas migrantes, pues esto ha causado molestia a nuestros paisanos de la frontera, pues a los centroamericanos se les han ofrecido puestos laborales de los que nuestros connacionales carecen.

Total, que en nuestro país muchos piensan como el presidente de loa EEUU, Ronald Reagan, quien dijo: “Algunos dicen que el trabajo duro no ha matado a nadie, pero yo me digo ¿Por qué arriesgarse?”.

Hasta la próxima entrega, donde podrán seguir leyendo lo que hay en mi mente.

Comentarios: cfelix7@hotmail.com

Twitter: @CarlosFelix1

Hay quien dice que el trabajo es tan malo que hasta te pagan por hacerlo. Creo que fue Facundo Cabral. Y es muy probable que opinen así quienes tiene la vida resuelta, viven de sus rentas u ostentan un puesto en Pemex.

Quien no tiene un empleo, labora en condiciones precarias, es mal pagado o explotado, seguro piensa distinto. Porque además de que el trabajo enaltece, también provee lo necesario para sobrevivir, es una forma de realizarse y constituye un servicio a los demás. O así debiera ser. Porque hay muchos que viven con el sudor del de enfrente y otros tantos que con trabajos obtienen lo indispensable para sostener a su familia. Pero algo malo debe tener el trabajo, o los ricos ya lo habrían acaparado, observó Cantinflas.

Recuerdo cuando Vicente Fox, ese gran humorista involuntario dijo una verdad, incómoda, pero cierta que no gustó a muchos: que los mexicanos en Estados Unidos hacen el trabajo que ni los negros (sic) quieren hacer. Y pese a que no hay trabajo indigno (ahí tienen, por ejemplo a los trabajadores de limpia) si hay quien realiza para sí o para otros, los trabajos sucios que benefician a los que, por mencionar un caso, trabajan la tierra con sus propias manos. Porque si no costara trabajo, no lo sería, ¿verdad? Y da trabajo entender como hay ocupaciones mal pagadas, extenuantes, sin incentivos para mejorar. Y esos casos sobran. Como los y las que desarrollan por necesidad, el trabajo más antiguo del mundo, y en todos los ámbitos. Es decir, se prostituyen por unos centavos.

Porque no es lo mismo hacer trabajos forzados (aplicable a quienes están privados de su libertad por algún delito) que verse forzados a hacer un trabajo frustrante, sin reconocimiento ni oportunidad de mejora. En un mundo ideal, han dicho los sabios, si te dedicas a lo que amas, nunca tendrás que trabajar. Para el resto, están las jornadas de 8 o más horas, actividades inhumanas y peligrosas como la minería, o los empleos informales, sin prestaciones ni las mínimas condiciones de seguridad e higiene. Pero los políticos se llenan la boca presumiendo que han generado no sé cuántos miles de empleos, cuando lo que debieran crear las condiciones para ello.

No hablemos de la burocracia, que en la última semana vivió con el Jesús en la boca por la flamante idea de AMLO de que los empleados del servicio público federal trabajaran los sábados, para desquitar. Y eso que la tendencia internacional de las grandes potencias es laborar menos horas y ser más eficientes. Pero no pasa nada. Los Gutierritos y los Godínez pueden respirar tranquilos, porque fue aprobada una reforma laboral que no les afectará, como tampoco la otra, la educativa, a los maestros.

La reforma gira en torno a ejes centrales como la libertad y la democracia sindical, con voto libre, secreto, personal y directo para elegir a los líderes de las organizaciones gremiales y establece que los sindicatos van a tener que someter a votación de todos sus agremiados los contratos colectivos de trabajo. Elimina las juntas de Conciliación y Arbitraje y las sustituye por tribunales especializados pertenecientes al Poder Judicial; se incorporan nuevas fracciones al artículo 133 de la Ley Federal del Trabajo que prohíbe a los patrones obligar a los trabajadores por coacción o por cualquier otro medio, como afiliarse o retirarse del sindicato o agrupación a que pertenezcan.

Así como a que voten por determinada candidatura, cualquier acto u omisión que atente contra su derecho a decidir quién debe representarlos en la negociación colectiva. El artículo 378 prohíbe a los sindicatos, federaciones y confederaciones ejercer actos de violencia en contra de sus miembros, el patrón, sus representantes o sus bienes, o en contra de terceros, así como participar en actos de simulación asumiendo el carácter de patrón, con el fin de que el verdadero patrón evada sus responsabilidades.

Además de que los trabajadores puedan presentar por escrito su voluntad para que no se le aplique la cuota sindical y el patrón no pueda descontarlo y que se aplique una multa de hasta cinco mil UMAS a las mineras que por su omisión, produzca un riesgo de trabajo que provoque la muerte del trabajador.

Y como México ya cumplió, el presidente López Obrador, le pide a Trump que apruebe de una vez el nuevo TLC, ahora conocido como TMEC, el Tratado México, Estados Unidos y Canadá. A ver si el Donald no sale con que primero resuelva el tema de las caravanas migrantes, pues esto ha causado molestia a nuestros paisanos de la frontera, pues a los centroamericanos se les han ofrecido puestos laborales de los que nuestros connacionales carecen.

Total, que en nuestro país muchos piensan como el presidente de loa EEUU, Ronald Reagan, quien dijo: “Algunos dicen que el trabajo duro no ha matado a nadie, pero yo me digo ¿Por qué arriesgarse?”.

Hasta la próxima entrega, donde podrán seguir leyendo lo que hay en mi mente.

Comentarios: cfelix7@hotmail.com

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