/ lunes 1 de noviembre de 2021

Presidencialismo ideológico y electoral

En el presidencialismo, un mínimo de disciplina partidaria ayuda al presidente a lograr acuerdos estables en el congreso, acuerdos que los legisladores podrían respetar y cumplir. En los regímenes democráticos donde prevalezca la indisciplina partidaria y legislativa poco puede asegurarse el cumplimiento de los pactos políticos de conciliación y acciones de gobierno.

En estas condiciones, el presidente se ve fuertemente inclinado a apoyarse en bases políticas que alientan el clientelismo y el patronazgo.

La disciplina partidaria dependerá de la forma en que organiza la elección de candidatos, pues así los legisladores tienen incentivos para seguir la línea del partido y para ser considerado a contender en elecciones.

La literatura también determina que la fragmentación del sistema de partidos aumenta el conflicto y la indisciplina partidaria, proponiendo que se limite la fragmentación partidaria o bien se logre formar frecuentemente coaliciones de gobierno y de iniciativas legislativas, para así asegurar que se guarde un mínimo de disciplina en los partidos contendientes.

Estamos de acuerdo en que el sistema democrático, ya sea parlamentario o presidencial, pero especialmente el último por ser nuestro contexto, requiere de un mínimo de disciplina por parte de los partidos políticos, puesto que fortalece la legitimidad del sistema en su conjunto. Nuestra democracia requiere congruencia tanto del partido en gobierno como de la oposición para que podamos aspirar a niveles más estables de democratización.

Sin embargo, no apoyamos la propuesta de limitar la fragmentación del sistema de partidos, puesto que México ha luchado por la representación de las minorías que buscan incidir en las decisiones gubernamentales.

La disciplina de partido debería buscarse por la vía de las coaliciones y negociación parlamentaria. La administración del presidente, Andrés Manuel López Obrador, hace alusión al razonamiento del ganador único que encarna el presidente que, en México, reclama de mínimos equilibrios y contrapesos para atemperar al presidente fuerte que, está de vuelta con todas las dificultades para el arreglo constitucional y los riesgos para nuestra forma de democracia.

Un presidente fuerte que, ha cruzado la frágil línea de la relación tensa pero no desbordada entre el poder político y las instituciones autónomas como lo muestra la coyuntura crítica en agravio de la UNAM, un valor agregado para México por su pluralidad, defensa de las libertades, del derecho de la educación y del difícil proceso de la renovación que, el presidente busca limitar y perseguir, ejerciendo su rol de ganador único y controlar desde su proyecto político, la vida pública nacional.

FB/LINKEDIN: Daniel Adame Osorio.

TW: @Danieldao1

Instagram: danieladameosorio.

En el presidencialismo, un mínimo de disciplina partidaria ayuda al presidente a lograr acuerdos estables en el congreso, acuerdos que los legisladores podrían respetar y cumplir. En los regímenes democráticos donde prevalezca la indisciplina partidaria y legislativa poco puede asegurarse el cumplimiento de los pactos políticos de conciliación y acciones de gobierno.

En estas condiciones, el presidente se ve fuertemente inclinado a apoyarse en bases políticas que alientan el clientelismo y el patronazgo.

La disciplina partidaria dependerá de la forma en que organiza la elección de candidatos, pues así los legisladores tienen incentivos para seguir la línea del partido y para ser considerado a contender en elecciones.

La literatura también determina que la fragmentación del sistema de partidos aumenta el conflicto y la indisciplina partidaria, proponiendo que se limite la fragmentación partidaria o bien se logre formar frecuentemente coaliciones de gobierno y de iniciativas legislativas, para así asegurar que se guarde un mínimo de disciplina en los partidos contendientes.

Estamos de acuerdo en que el sistema democrático, ya sea parlamentario o presidencial, pero especialmente el último por ser nuestro contexto, requiere de un mínimo de disciplina por parte de los partidos políticos, puesto que fortalece la legitimidad del sistema en su conjunto. Nuestra democracia requiere congruencia tanto del partido en gobierno como de la oposición para que podamos aspirar a niveles más estables de democratización.

Sin embargo, no apoyamos la propuesta de limitar la fragmentación del sistema de partidos, puesto que México ha luchado por la representación de las minorías que buscan incidir en las decisiones gubernamentales.

La disciplina de partido debería buscarse por la vía de las coaliciones y negociación parlamentaria. La administración del presidente, Andrés Manuel López Obrador, hace alusión al razonamiento del ganador único que encarna el presidente que, en México, reclama de mínimos equilibrios y contrapesos para atemperar al presidente fuerte que, está de vuelta con todas las dificultades para el arreglo constitucional y los riesgos para nuestra forma de democracia.

Un presidente fuerte que, ha cruzado la frágil línea de la relación tensa pero no desbordada entre el poder político y las instituciones autónomas como lo muestra la coyuntura crítica en agravio de la UNAM, un valor agregado para México por su pluralidad, defensa de las libertades, del derecho de la educación y del difícil proceso de la renovación que, el presidente busca limitar y perseguir, ejerciendo su rol de ganador único y controlar desde su proyecto político, la vida pública nacional.

FB/LINKEDIN: Daniel Adame Osorio.

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