Jacinto Hernández Luna

  / sábado 26 de octubre de 2019

Prevaleció el sentido común de López Obrador en el conflicto de Culiacán

La multiplicidad de informes, especulaciones, noticias falsas, correos electrónicos, vídeos editados, medios informativos que controlan periódicos, estaciones de radio y canales de televisión, se han volcado en contra de López Obrador, y esperaban que “el culiacanazo” fuera el émulo de Ayotzinapa y en su momento los hechos del 2 de octubre en Tlatelolco de 1968.

Frustrados estarán quienes querían y hasta dónde pudo haber sido una trampa que se le hubiere tendido al propio Presidente de la República, para que ante la imprevisión, la mala planeación, la improvisación de la pretendida detención con fines de extradición de Ovidio el hijo del “Chapo”, habiéndolo tenido en sus manos la Guardia Nacional, lo dejaron libre porque había un interés por encima del propio Ovidio, la vida de decenas, probablemente de cientos de culiacanenses que presenciaron, escucharon, fueron actores del drama cuando recientemente se dio la aprehensión de Ovidio para mandarlo a los Estados Unidos de Norteamérica.

Frente a las diversas versiones, ha prevalecido, y en eso apoyamos íntegramente a Andrés Manuel, el sentido común de éste y su habilidad que es innegable, para que hechos tan graves como éste que pudo ser la mancha de su gobierno a menos de un año de haberlo iniciado, tuviera un giro de ciento ochenta grados, y la opinión pública, y ahí están las encuestas, le haya dado la razón para aceptar que era preferible soltar a Ovidio contra todas las expectativas, incluida la posibilidad de una matazón colectiva de las familias de los soldados que están en las unidades habitacionales de Culiacán, hubieran sufrido daños y probablemente hubieran perdido la vida; frente a ésto debemos ser objetivos, y en primer lugar reprobar la improvisación en la ejecución de esa hipótesis para detener a Ovidio solicitada por los norteamericanos, y que finalmente el último que se enteró fue el Presidente de la República, porque no es como en el pasado, materia del Presidente, sino de la Fiscalía General de la República, del Poder Judicial Federal, de la acción de los Tribunales, los que van a determinar la ejecución de órdenes de aprehensión, y sobre todo de que el país no puede depender de la vida ni de la suerte de los narcotraficantes, aunque se trate de sus hijos o sus familias, porque primero está México y los mexicanos, las familias que hemos apoyado a Andrés Manuel, los que seguimos recibiendo beneficios como quien esto escribe, porque finalmente la educación pública se está poniendo más a nuestro alcance, y ahora podemos aspirar a cursar una carrera universitaria o politécnica en alguna institución que sea gratuita; pero además la vida, la educación y la salud de nuestros hijos y de nuestras familias que tienen que estar por encima de cualquier interés como lo hemos reiterado, en este caso el de los narcotraficantes; porque quisiéramos compartir con quien nos honran leyendo este espacio lo siguiente: ¿En dónde está el “Chapo Guzmán”? como es del conocimiento de los distinguidos lectores que leen esta columna, hace muchos años, más de doscientos, había una clase de muerte que no era la biológica sino una muerte en vida, que algunos le han llamado una muerte civil, y que desde la perspectiva de quien esto escribe la que hoy sufre el “Chapo” es más grave que eso, porque si bien biológicamente sigue vivo, el día que fue condenado a la cárcel y los efectos de esa prisión, el señor murió para todos, pero los daños que se han ocasionado al país, a los jóvenes, a las familias, con este intenso narcotráfico, es irreparable; por ello reiteramos nuestra convicción de seguir apoyando a Andrés Manuel, porque esta decisión de soltar a Ovidio a cambio de no matar mexicanos, y no salir con la historia de Calderón de que eran daños colaterales, porque finalmente somos más importantes los mexicanos y los que vivimos normal y no estamos metidos en los negocios del narcotráfico que la de estos señores.

Por eso pensamos que hay que cuidar a nuestro Presidente, para que a lo largo de los seis años que van a estar latente las amenazas, no se dé ningún asunto como el de Ayotzinapa, como el del fallido de Calderón de sacar al ejército a las calles para atacar el narcotráfico, o la complicidad de Fox, o la de los otros presidentes, nos quedamos con Andrés Manuel y seguiremos en la medida de nuestras posibilidades cuidando que no se dé un “culiacanazo” para nuestro Presidente.


Director de la Programación Digital de la Revista de Derecho Familiar “Pater Familias” de la UNAM. Politólogo Autodidacta. jhernandez366@hotmail.com

La multiplicidad de informes, especulaciones, noticias falsas, correos electrónicos, vídeos editados, medios informativos que controlan periódicos, estaciones de radio y canales de televisión, se han volcado en contra de López Obrador, y esperaban que “el culiacanazo” fuera el émulo de Ayotzinapa y en su momento los hechos del 2 de octubre en Tlatelolco de 1968.

Frustrados estarán quienes querían y hasta dónde pudo haber sido una trampa que se le hubiere tendido al propio Presidente de la República, para que ante la imprevisión, la mala planeación, la improvisación de la pretendida detención con fines de extradición de Ovidio el hijo del “Chapo”, habiéndolo tenido en sus manos la Guardia Nacional, lo dejaron libre porque había un interés por encima del propio Ovidio, la vida de decenas, probablemente de cientos de culiacanenses que presenciaron, escucharon, fueron actores del drama cuando recientemente se dio la aprehensión de Ovidio para mandarlo a los Estados Unidos de Norteamérica.

Frente a las diversas versiones, ha prevalecido, y en eso apoyamos íntegramente a Andrés Manuel, el sentido común de éste y su habilidad que es innegable, para que hechos tan graves como éste que pudo ser la mancha de su gobierno a menos de un año de haberlo iniciado, tuviera un giro de ciento ochenta grados, y la opinión pública, y ahí están las encuestas, le haya dado la razón para aceptar que era preferible soltar a Ovidio contra todas las expectativas, incluida la posibilidad de una matazón colectiva de las familias de los soldados que están en las unidades habitacionales de Culiacán, hubieran sufrido daños y probablemente hubieran perdido la vida; frente a ésto debemos ser objetivos, y en primer lugar reprobar la improvisación en la ejecución de esa hipótesis para detener a Ovidio solicitada por los norteamericanos, y que finalmente el último que se enteró fue el Presidente de la República, porque no es como en el pasado, materia del Presidente, sino de la Fiscalía General de la República, del Poder Judicial Federal, de la acción de los Tribunales, los que van a determinar la ejecución de órdenes de aprehensión, y sobre todo de que el país no puede depender de la vida ni de la suerte de los narcotraficantes, aunque se trate de sus hijos o sus familias, porque primero está México y los mexicanos, las familias que hemos apoyado a Andrés Manuel, los que seguimos recibiendo beneficios como quien esto escribe, porque finalmente la educación pública se está poniendo más a nuestro alcance, y ahora podemos aspirar a cursar una carrera universitaria o politécnica en alguna institución que sea gratuita; pero además la vida, la educación y la salud de nuestros hijos y de nuestras familias que tienen que estar por encima de cualquier interés como lo hemos reiterado, en este caso el de los narcotraficantes; porque quisiéramos compartir con quien nos honran leyendo este espacio lo siguiente: ¿En dónde está el “Chapo Guzmán”? como es del conocimiento de los distinguidos lectores que leen esta columna, hace muchos años, más de doscientos, había una clase de muerte que no era la biológica sino una muerte en vida, que algunos le han llamado una muerte civil, y que desde la perspectiva de quien esto escribe la que hoy sufre el “Chapo” es más grave que eso, porque si bien biológicamente sigue vivo, el día que fue condenado a la cárcel y los efectos de esa prisión, el señor murió para todos, pero los daños que se han ocasionado al país, a los jóvenes, a las familias, con este intenso narcotráfico, es irreparable; por ello reiteramos nuestra convicción de seguir apoyando a Andrés Manuel, porque esta decisión de soltar a Ovidio a cambio de no matar mexicanos, y no salir con la historia de Calderón de que eran daños colaterales, porque finalmente somos más importantes los mexicanos y los que vivimos normal y no estamos metidos en los negocios del narcotráfico que la de estos señores.

Por eso pensamos que hay que cuidar a nuestro Presidente, para que a lo largo de los seis años que van a estar latente las amenazas, no se dé ningún asunto como el de Ayotzinapa, como el del fallido de Calderón de sacar al ejército a las calles para atacar el narcotráfico, o la complicidad de Fox, o la de los otros presidentes, nos quedamos con Andrés Manuel y seguiremos en la medida de nuestras posibilidades cuidando que no se dé un “culiacanazo” para nuestro Presidente.


Director de la Programación Digital de la Revista de Derecho Familiar “Pater Familias” de la UNAM. Politólogo Autodidacta. jhernandez366@hotmail.com