/ jueves 6 de julio de 2023

Álvaro se come su cerebro y arruina a toda una familia

Por los oídos se colaban los últimos sonidos que provenían de la acera más cercana a la ventana. En cada segundo trajo los recuerdos que entregó en el último suspiro. Su respiración fue pausada hasta que el corazón se detuvo y dejó de latir.

Pobre mujer murió a manos de la persona que más atesoró hasta el último minuto. Su esposo, Álvaro, de 35 años, le había arrancado así no más por puro delirio la vida. En un arranque de frenesí. De ira y de alucinaciones baratas por las drogas antes consumidas.

Algunas partes de su cuerpo fueron mutiladas. Su cara deformada por cada golpe que le atestó en cada insulto. Y lo peor, su cerebro fue devorado por un hombre que más bien podría parecer un animal sediento de sangre y carne humana.

Ella solo tenía 38 años. Atrás dejaba una casa con cinco hijas que seguramente la echarían de menos por el resto de sus vidas. Todo mundo, vecinos y amigos estaban consternados pues todos coincidían en que ella era una mujer trabajadora. Una mujer entrona y amorosa.

Pobre Monserrat, no merecía morir así a manos de un hombre podrido de mente y enfermo de espíritu.

La mañana del 1 de julio fue la pesadilla más larga para las cinco hijas de María M. Apenas habían pasado dos días desde la última llamada que tuvieron con su madre. Luego de una prolongada espera decidieron ir a su casa para indagar qué había ocurrido.

Al ingresar al domicilio todo parecía como una escena espeluznante de una película de terror.

Si las paredes hablaran seguro expresarían la frialdad con la que Monserrat pereció. Pues al interior de la casa se encontraron manchas de sangre, algunas extremidades y entre los objetos regados en el piso estaba un martillo, un picahielo y un cuchillo que probablemente Álvaro utilizó para desmembrar el cuerpo.

// El caníbal confiesa //

En su intento por disuadir a la justicia, Álvaro fue detenido. Después de un largo interrogatorio, el demente confesó que todo lo había hecho por órdenes del mismísimo maligno. “El diablo me pidió que lo hiciera”.

El desalineado pretendió justificar este acto de canibalismo y brutalidad por culpa de las drogas y del demonio.

Hoy, las hijas de Monserrat claman justicia para que no quede absuelto este criminal y que la Fiscalía General de Justicia del Estado de Puebla cumpla con llevar a la prisión a un desquiciado que no merece perdón ni de la sociedad, ni de la justicia divina.

Cada hora, cada minuto, cada segundo, una mujer es asesinada. Las muertes de seres humanos ya se han normalizado en todo el territorio mexicano.

La violencia machista no puede ser tolerada ni normalizada en ninguna circunstancia. En manos de la sociedad está demandar a las autoridades y gobiernos que realicen todo tipo de acciones para erradicar la violencia de género y velar por los derechos de las mujeres, y desde luego, de cualquier otro ser humano.

#NiUnaMenos #JusticiaParaMonserrat

Por los oídos se colaban los últimos sonidos que provenían de la acera más cercana a la ventana. En cada segundo trajo los recuerdos que entregó en el último suspiro. Su respiración fue pausada hasta que el corazón se detuvo y dejó de latir.

Pobre mujer murió a manos de la persona que más atesoró hasta el último minuto. Su esposo, Álvaro, de 35 años, le había arrancado así no más por puro delirio la vida. En un arranque de frenesí. De ira y de alucinaciones baratas por las drogas antes consumidas.

Algunas partes de su cuerpo fueron mutiladas. Su cara deformada por cada golpe que le atestó en cada insulto. Y lo peor, su cerebro fue devorado por un hombre que más bien podría parecer un animal sediento de sangre y carne humana.

Ella solo tenía 38 años. Atrás dejaba una casa con cinco hijas que seguramente la echarían de menos por el resto de sus vidas. Todo mundo, vecinos y amigos estaban consternados pues todos coincidían en que ella era una mujer trabajadora. Una mujer entrona y amorosa.

Pobre Monserrat, no merecía morir así a manos de un hombre podrido de mente y enfermo de espíritu.

La mañana del 1 de julio fue la pesadilla más larga para las cinco hijas de María M. Apenas habían pasado dos días desde la última llamada que tuvieron con su madre. Luego de una prolongada espera decidieron ir a su casa para indagar qué había ocurrido.

Al ingresar al domicilio todo parecía como una escena espeluznante de una película de terror.

Si las paredes hablaran seguro expresarían la frialdad con la que Monserrat pereció. Pues al interior de la casa se encontraron manchas de sangre, algunas extremidades y entre los objetos regados en el piso estaba un martillo, un picahielo y un cuchillo que probablemente Álvaro utilizó para desmembrar el cuerpo.

// El caníbal confiesa //

En su intento por disuadir a la justicia, Álvaro fue detenido. Después de un largo interrogatorio, el demente confesó que todo lo había hecho por órdenes del mismísimo maligno. “El diablo me pidió que lo hiciera”.

El desalineado pretendió justificar este acto de canibalismo y brutalidad por culpa de las drogas y del demonio.

Hoy, las hijas de Monserrat claman justicia para que no quede absuelto este criminal y que la Fiscalía General de Justicia del Estado de Puebla cumpla con llevar a la prisión a un desquiciado que no merece perdón ni de la sociedad, ni de la justicia divina.

Cada hora, cada minuto, cada segundo, una mujer es asesinada. Las muertes de seres humanos ya se han normalizado en todo el territorio mexicano.

La violencia machista no puede ser tolerada ni normalizada en ninguna circunstancia. En manos de la sociedad está demandar a las autoridades y gobiernos que realicen todo tipo de acciones para erradicar la violencia de género y velar por los derechos de las mujeres, y desde luego, de cualquier otro ser humano.

#NiUnaMenos #JusticiaParaMonserrat