/ jueves 2 de julio de 2020

El peligroso cóctel

Si en política la forma sigue siendo fondo, la denuncia pública del alcalde de Cuernavaca, Antonio Villalobos, sobre las actuaciones del gobierno del estado durante la pandemia y la contingencia sanitaria que de ella derivó representan una escalada en el conflicto añejo entre los poderes en Morelos que cuesta ya tanto a los residentes del estado y que ha dado al traste a la gobernanza en salud, economía y política.

La lista de desencuentros entre el alcalde y el gobernador es larguísima, al grado que las dos veces que se han tomado una foto medio sonrientes han sido noticias. La acusación de que el gobierno estatal ha hecho muy poco por los habitantes del estado durante la contingencia sanitaria, y que ha dado la espalda a los municipios no es nueva, se había repetido muchas veces en reuniones de cabildo, se insinuaba en declaraciones, pero hasta este jueves tomó un carácter oficial en declaraciones de Villalobos que culpa al gobernador de mostrar nula preocupación por lo que ocurre en Morelos.

La crítica del alcalde se visibilizó después de que la Corte determinó suspender los acuerdos de cabildo que permitían la reapertura de actividades no esenciales en Cuernavaca y Cuautla. La petición de intervención vino del gobierno estatal hasta después de que el cabildo de Cuernavaca permitió la apertura. De hecho, Cuautla había reabierto unos días antes recibiendo una tibia reacción del gobierno estatal; cuando Cuernavaca determinó lo mismo, vino un oficio genérico de las secretarías de Gobierno y Salud en que conminaba a los municipios a ordenar y mantener la cuarentena; y unos días después, la controversia constitucional para que fue la Corte quien obligara a suspender los acuerdos de reapertura. Nunca hubo una comunicación directa entre el gobierno estatal y los alcaldes, como tampoco se han ofrecido apoyos suficientes que mantengan en casa a miles de trabajadores, comerciantes, pequeños empresarios, que pudiera mitigar las enormes presiones sociales a las que los alcaldes están sometidos desde los primeros días de la contingencia.

El argumento para la sospecha de que a Cuernavaca se le carga la mano se funda en los tiempos y grados de respuesta del gobierno del estado a las acciones de los municipios, en efecto, hay una profunda diferencia del tratamiento que se da al de Cuernavaca y a otros cabildos. Si esto obedece o no a un plan específico del gobierno estatal, una campaña como tal, corresponde al Ejecutivo responder, pero lo cierto es que así lo parece.

El problema es que con el daño a la imagen de los alcaldes y cabildos del estado, el escasísimo respaldo ciudadano que tiene Cuauhtémoc Blanco, y la colección de omisiones del gobierno federal en el estado, la indefensión que siente la ciudadanía frente al Covid-19 y sus efectos económicos y sociales, parece justificada.

Si a esta indefensión se suma la sordera de todas las esferas y niveles de gobierno a las exigencias sociales de diálogo y coordinación para enfrentar los problemas locales en general, y la pandemia en particular, los ingredientes para un explosivo cóctel están completos. Nadie quiere eso.


@martinellito

dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

Si en política la forma sigue siendo fondo, la denuncia pública del alcalde de Cuernavaca, Antonio Villalobos, sobre las actuaciones del gobierno del estado durante la pandemia y la contingencia sanitaria que de ella derivó representan una escalada en el conflicto añejo entre los poderes en Morelos que cuesta ya tanto a los residentes del estado y que ha dado al traste a la gobernanza en salud, economía y política.

La lista de desencuentros entre el alcalde y el gobernador es larguísima, al grado que las dos veces que se han tomado una foto medio sonrientes han sido noticias. La acusación de que el gobierno estatal ha hecho muy poco por los habitantes del estado durante la contingencia sanitaria, y que ha dado la espalda a los municipios no es nueva, se había repetido muchas veces en reuniones de cabildo, se insinuaba en declaraciones, pero hasta este jueves tomó un carácter oficial en declaraciones de Villalobos que culpa al gobernador de mostrar nula preocupación por lo que ocurre en Morelos.

La crítica del alcalde se visibilizó después de que la Corte determinó suspender los acuerdos de cabildo que permitían la reapertura de actividades no esenciales en Cuernavaca y Cuautla. La petición de intervención vino del gobierno estatal hasta después de que el cabildo de Cuernavaca permitió la apertura. De hecho, Cuautla había reabierto unos días antes recibiendo una tibia reacción del gobierno estatal; cuando Cuernavaca determinó lo mismo, vino un oficio genérico de las secretarías de Gobierno y Salud en que conminaba a los municipios a ordenar y mantener la cuarentena; y unos días después, la controversia constitucional para que fue la Corte quien obligara a suspender los acuerdos de reapertura. Nunca hubo una comunicación directa entre el gobierno estatal y los alcaldes, como tampoco se han ofrecido apoyos suficientes que mantengan en casa a miles de trabajadores, comerciantes, pequeños empresarios, que pudiera mitigar las enormes presiones sociales a las que los alcaldes están sometidos desde los primeros días de la contingencia.

El argumento para la sospecha de que a Cuernavaca se le carga la mano se funda en los tiempos y grados de respuesta del gobierno del estado a las acciones de los municipios, en efecto, hay una profunda diferencia del tratamiento que se da al de Cuernavaca y a otros cabildos. Si esto obedece o no a un plan específico del gobierno estatal, una campaña como tal, corresponde al Ejecutivo responder, pero lo cierto es que así lo parece.

El problema es que con el daño a la imagen de los alcaldes y cabildos del estado, el escasísimo respaldo ciudadano que tiene Cuauhtémoc Blanco, y la colección de omisiones del gobierno federal en el estado, la indefensión que siente la ciudadanía frente al Covid-19 y sus efectos económicos y sociales, parece justificada.

Si a esta indefensión se suma la sordera de todas las esferas y niveles de gobierno a las exigencias sociales de diálogo y coordinación para enfrentar los problemas locales en general, y la pandemia en particular, los ingredientes para un explosivo cóctel están completos. Nadie quiere eso.


@martinellito

dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

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